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Mejores que hace un año Tal vez alguno al leer el título piense, “pero si son los mismos…”, pues no señor, esta selección es mejor. Al ser un grupo muy joven, sólo Jiménez supera la treintena, el paso del tiempo la ha tratado como a los buenos vinos, lejos de deteriórarla ha conseguido que alcance su grado exacto de madurez. Me atrevo a decir que todos son mejores, unos como Marc porque han podido jugar (gracias Dusko), otros como Sergio y Jorge han recibido su bautismo en la mejor liga del mundo, Felipe ha adquirido este año un protagonismo inusitado en su equipo , en resumen, más músculo y sapiencia sin perder ni un ápice de frescura. Pero cometería un grave error si sólo me quedase ahí, este equipo es mejor porque sobretodo ha ganado en ambición. Los éxitos pasados lejos de aplacar el ansia de victorias, les ha impregnado de un carácter ganador, y por ende de un apetito de títulos que tardará mucho en saciarse, al tiempo.
Más que un equipo Se ha dicho y escrito hasta la saciedad tópica que el Barça es más que un club. Es cierto, ateniéndonos a ciertos parámetros sociológicos catalanes. Parafraseando tal afirmación, y según consideraciones comparables y extensibles al país entero, la selección nacional de baloncesto sería más que un equipo. Representaría la conjunción geográfica y sentimental de un conglomerado humano casi insólito en el deporte de alta (nunca mejor dicho) competición. Su triunfo en el Mundial fue, por encima de todo, el de la calidad, sin la cual nada habría sido posible. Pero también el de la camaradería sin aristas, la amistad sin fisuras, la convivencia sin roces y la solidaridad sin condiciones que aumentaron exponencialmente esa calidad hasta convertir semejante relación en una amalgama indestructible.
'España descubrió y admiró a unos jóvenes muy destacados en su profesión, pero asimismo portadores de una serie de virtudes resumidas en la sencillez y la naturalidad' Los chicos de Pepu simbolizan desde entonces gran parte de los valores del deporte, tantas veces pervertidos por el mercantilismo y la afectación. España descubrió y admiró a unos jóvenes muy destacados en su profesión, pero asimismo portadores de una serie de virtudes resumidas en la sencillez y la naturalidad, características que los convirtieron en ejemplos individuales y en paradigma colectivo. Su carácter dentro y fuera de la cancha hizo ver a eso que llamamos “público” o “ciudadanía” que se podía ser un campeón sin dejar de ser un chaval majo que contribuía a la cohesión y homogeneidad del grupo sin perder la personalidad propia. Cada cual era una figura y un amigo de las demás figuras. Su forma de ser y su comportamiento se transformaron, quizás indeseablemente, en una acusación generalizada hacia las estrellas del fútbol, muchachos endiosados, insolidarios entre sí y distantes del aficionado que los sostiene y entroniza. Casi nos da miedo esa idealización de nuestros baloncestistas, en los que, en cierto modo, hemos depositado la sobrehumana responsabilidad de devolvernos la inocencia perdida y la fe en la labor educativa del deporte. Tal vez algún día nos defrauden: tampoco ellos son perfectos. Pero hoy están aquí, adornados con su aureola de gigantes sanos, inteligentes y bondadosos, en capilla de un Campeonato de Europa destinado a convertirse en un homenaje popular a su naturaleza física y su índole emblemática. Ojalá ninguna de ellas les pese. Ojalá ambas los eleven hacia un título que, a través de ellos, sería más que nunca el de todos nosotros. Carlos Toro Uno de los más prestigiosos periodistas españoles. Ha escrito algunos libros sobre el deporte y ha cubierto varias Olimpiadas como enviado especial. Actualmente escribe en El Mundo e interviene en Onda Cero. Polifacético donde los haya, es también un reconocido compositor. Entre sus éxitos se encuentra la canción 'Resistiré' de El Dúo Dinámico
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